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Paulina Armería, aspirando a los Juegos Olímpicos

Por Adolfo Loera Moreno

En su casa, nadie hacía ningún tipo de arte marcial. A sus seis años, cuando estaba por entrar a la primaria en el Colegio Miraflores, practicaba natación hasta que su mamá le pidió que se inscribiera a otra actividad, como sugerencia le dijo que podía ser un curso de baile. El problema fue que ella tenía gustos diferentes a las niñas de su edad; no le gustaba el color rosa, las muñecas o bailar, tampoco quedarse sentada en el recreo para comer su lonche y platicar con sus amigas, no entendía por qué las niñas lo disfrutaban.

Lo que ella hacía era jugar con los niños, unirse a lo que fueran a jugar, así fuera futbol, policías y ladrones o lanzar un balón de americano. En ese entonces estaba cursando el especial de inglés y fue cuando escuchó por primera vez ese deporte. Un profesor entró a su clase para promocionar y platicar sobre el taekwondo. Se le hizo un deporte muy raro y padre a la vez, ahí pensó que quería intentarlo. Ese día, llegando a su casa, les dijo a sus papás, para zafarse del baile y también por interés, que quería inscribirse a ese curso. Los dos como buenos exdeportistas, sabían que no sería justo negarle la ilusión.

@pau_armeria

Desde su primera clase, Armería se enamoró del taekwondo. Siendo una niña llena de energía no tardó en encontrar su lugar en un espacio donde la ponían a correr, patear y gritar, iba más con su personalidad. Los profesores los entretenían con dinámicas de juego, volviendo las actividades aún más activas. Lo que terminó de atraparla fue que el primer día les pusieron el reto de ser cinta negra.

Fue a los ocho años de edad que Armería, ya en taekwondo, vio por primera vez a una mujer mexicana profesional compitiendo en las olimpiadas por el país. Ese terminó siendo un punto de inflexión muy importante en su vida. No solo jugaría a ser cinta negra, sino que aspiraría a las olimpiadas.

Semanas después de ese momento, saliendo de una evaluación, Armería le compartió a su mamá su nuevo propósito. Ella la miró con una expresión extraña y después le respondió que si eso deseaba recorrería a su lado ese camino. Ahí fue cuando realmente comenzó a destinar gran parte de su tiempo al taekwondo…

Al ver su dedicación en un torneo, José Luis Onofre, entrenador nacional en aquel momento, le extendió una invitación a Armería, quien apenas tenía 16 años, para practicar como atleta invitada con la selección mexicana en las instalaciones del Comité Olímpico. Fue hasta sus 17 años cuando obtuvo un puesto de manera oficial tras triunfar en el Campeonato Nacional Mexicano. Ahí comenzó a formar parte de la selección nacional, ahora entrenando de tiempo completo en en el Comité Olimpico. Por lo mismo, su colegio comenzó a brindarle todo el apoyo necesario y cambiaron sus clases de la mañana a la tarde,para que pudiera dedicar sus mañanas al entrenamiento. Ahora en su tiempo libre iba a su cuarto del Comité Olímpico para hacer sus tareas.

Foto: Ivan Seru

En esa etapa, de los 12 a los 17 años, Armería vivió́ un proceso juvenil complicado. Ella sentía que no lograba alcanzar sus metas porque las derrotas le impedían llegar a las finales. También fue ahí cuando sufrió algunos momentos incómodos, en las competencias nunca faltaban los gritos de “güerita” para desacreditarla.

Pronto llegaron las fiestas de 15 años, donde aprendió́ a rechazar las invitaciones o asistir un par de horas para saludar a sus amigos, Entendía que había prioridades. Todo valió la pena cuando comenzó a triunfar en los torneos y se enfrentó con su primer clímax en el 2015. En ese año, Armería logró calificar para los Juegos Panamericanos en Toronto, Canadá, su primera competencia internacional de gran nivel. Fue la primera vez que convivió con todas las delegaciones en un mismo lugar, un mini mundo de deportistas. En esa competencia logró obtener su primera medalla de plata de gran resonancia.

Cuando regresó a la Ciudad de México, Armería se vio en las pantallas del aeropuerto. Los reporteros esperaban ansiosos tras las puertas de migración para recopilar su testimonio, mientras ella no lograba reconocer su rostro en las mismas. Dos años más tarde, en el 2017, perdió la evaluación interna de la selección nacional para participar en el Mundial. Esa pérdida le quitó el ánimo. La presión para su segunda y última evaluación, dos semanas después, fue aumentando. Al subir su nivel de estrés, Armería decidió dar la pelea por ella, dejar a un lado lo que las personas pudieran pensar sobre sus resultados.

El día de la competencia logró obtener la victoria en el Nacional Universitario que le brindaría un pase para la Universidad Mundial Taipéi 2017, donde obtuvo la medalla de bronce en modalidad por equipos kyorugui femenil. El siguiente año, logró ganar la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

@pau_armeria

Ahora en el 2019, está en el proceso de calificación para las próximas olimpiadas. Lleva como fondo de pantalla el logro de los juegos olímpicos para no olvidar el sueño que aún la niña que lleva dentro anhela alcanzar.

Actualmente busca el pase para las siguientes Olimpiadas en representación de su nuevo equipo en Italia. La cuarentena le ha ayudado a integrarse a su nuevo equipo, y a preparar todas las áreas para una competencia más fuerte.

Al luchar por un sueño, la satisfacción personal al ir avanzando en esa lucha es increíble. Los invito a seguir sus sueños, si no luchas, nadie lo va a hacer por ti.

Paulina Armería, profesional de Taekwondo
@pau_armeria

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